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Control de Vectores con Posterioridad a los Desastres Naturales (Pan American Health Organization (PAHO) / Organización Panamericana de la Salud (OPS), 1982, 104 p.)

Parte II: Medidas de control de vectores específicos

Capítulo 5: Aedes aegypti

El mosquito Aedes aegypti es vector del dengue, la fiebre hemorrágica dengue y la fiebre amarilla urbana. Se trata de un mosquito doméstico que se cría en recipientes artificiales dentro de las habitaciones humanas o a proximidad de éstas. A medida que proliferan los nichos, las poblaciones de la especie tienen mayor densidad. Se sabe que el mosquito también se reproduce en recipientes artificiales situados lejos de las habitaciones humanas y en oquedades naturales, por ejemplo cavidades de árboles, bambúes, cáscaras de coco y conchas de moluscos grandes. En cada zona hay nichos de cría singulares, debido a las diferencias del habitat y del modo de vida humano. Cuando el agua se acarrea y almacena, los recipientes constituyen habitats ideales. Esos sitios de cría deben recibir atención particular a raíz de desastres naturales, sobre todo si el abastecimiento normal de agua está interrumpido. Las cisternas, latas, botellas, vasijas de cementerios, neumáticos y casi cualquier recipiente desechado que contenga agua dulce puede constituir un foco de infestación.

La hembra del mosquito adulto deposita sus huevos por separado junto a la pared del recipiente a nivel del agua o inmediatamente encima de éste. Las lluvias que acompañan a algunos desastres facilitan el agua necesaria para la eclosión de los huevos, que pueden resistir a la sequedad durante varios meses. Las lluvias fuertes a menudo arrastran gran parte de la puesta inicial de huevos, pero rápidamente se produce una abundante eclosión de Aedes aegypti en nuevos sitios de oviposición. Cuando las condiciones son favorables, la eclosión puede tener lugar a los dos o tres días de la puesta.

También si las condiciones son favorables, las larvas se desarrollan en el transcurso de cinco a siete días. De la cuarta fase de larva, el insecto pasa a la de crisálida y, a los dos o tres días, a la de adulto. En consecuencia, el ciclo de vida se puede desarrollar en alrededor de diez días.

Los nuevos adultos no suelen dispersarse a más de cien metros, y las hembras preferirán las viviendas que haya a proximidad u otras construcciones humanas. En efecto, para formar los huevos, las hembras necesitan alimentarse de sangre, preferiblemente de huéspedes humanos. En general, pero no exclusivamente, pican durante el día. A menudo, la persona ni siquiera percibe la picadura. El adulto puede vivir de seis a ocho semanas y la infestación por virus de fiebre amarilla o dengue dura toda la vida.


La vigilancia de las poblaciones de larvas es más fácil que la de mosquitos adultos. Las larvas se capturan con un cucharón o cacillo de esmalte blanco u otros recipientes de agua, o con un sifón. Se pueden usar linternas o espejos para iluminar los escondrijos donde quizá haya agua en la que proliferen mosquitos. (Foto, cortesía de L. Scholdt)

Vigilancia

Si el país dispone ya de un programa de erradicación o control de Aedes aegypti, existirá la información básica sobre densidades de población del mosquito en las zonas afectadas o colindantes. Cuando no exista un programa de esa índole, habrá que establecer un mapa de la distribución del vector, estudiar el habitat preferido por las larvas y determinar las densidades de la población de adultos, según promedios y distribución por zonas y utilizando trampas de oviposición.

El comienzo de actividades nuevas o suplementarias de control dependerá de la prevalencia del mosquito o de la actividad vírica observada en las zonas colindantes y cercanas. El epidemiólogo habrá de encargarse de determinar la presencia de enfermedades o la probabilidad de su introducción.

La contratación y el adiestramiento de nuevo personal de lucha antivectorial puede ser difícil y dependerá en parte de la prioridad que las autoridades le concedan en el presupuesto. Incluso con ayuda exterior, los presupuestos se ven sometidos a una tremenda carga con ocasión de desastres naturales. En situaciones de emergencia, a falta de personal remunerado puede recurrirse a reclutas militares, escolares, grupos de exploradores y otros voluntarios.

Para identificar los tipos de mosquito es preciso disponer de laboratorios, que quizá existan en el servicio de control de Aedes aegypti o malaria. Las universidades e instituciones de investigación pueden disponer de un entomólogo profesional o de alumnos de biología capacitados para la identificación taxonómica. En todos los programas de vigilancia se dispondrá de mapas, locales, auxiliares y otro personal administrativo y técnico para ordenar y evaluar los datos recogidos sobre el terreno. La información facilitada por el programa será transmitida lo antes posible al personal de lucha antivectorial y epidemiología.

Cálculo de las poblaciones de larvas

Aunque los adultos constituyen la parte más importante de las poblaciones de Aedes aegypti, cuando se dispone de personal adiestrado para la identificación de especies resulta más fácil y más fidedigna la vigilancia de las poblaciones de larvas. La captura sistemática de éstas permite determinar la presencia, la distribución y la abundancia relativa de Aedes aegypti.

Las estimaciones suelen ser solo las consecutivas a la evaluación de la frecuencia con que se encuentran larvas en recipientes que contienen agua, a proximidad de edificios ocupados. Sin embargo, también puede haber larvas en terrenos baldíos y en las cunetas de las carreteras.

Cabe realizar encuestas rápidas de diversas maneras. Los sesgos de la información obtenido se reducirán al mínimo en las siguientes condiciones: 1) si las manzanas de edificios que hay que estudiar se eligen por un procedimiento aleatorio y luego se procede a una investigación casa por casa; 2) si se investiga sistemáticamente una casa de, por ejemplo, cada tres de la muestra; 3) si se incluyen de manera aleatoria cincuenta o más casas por subdivisión.

En las encuestas de detección de larvas participarán uno o varios operarios encargados de examinar todos los recipientes con agua que se encuentren a proximidad de edificios ocupados. Durante la encuesta inicial se determinará la composición por especies capturando, para examen en laboratorio, una larva de cada recipiente positivo ("encuesta de larva única por recipiente"). A partir de entonces, bastará con una simple inspección o "encuesta visual sobre presencia de larvas" Cada operario que participe en la encuesta habrá de llevar consigo lo siguiente:

1) Formularios y lapiceros
2) Una linterna de mano
3) Un pequeño espejo
4) Un cacillo de gancho (de esmalte blanco, si es posible)
5) Una pipeta de pera o cuentagotas para trasladar las larvas
6) Un colador de té para separar las larvas de los residuos
7) Frascos para guardar las larvas y un lápiz graso para marcarlos
8) Un recipiente o bolsa para llevar los instrumentos y el equipo.

Los resultados de las encuestas se suelen expresar con uno o varios de los siguientes índices:

1) Indice de presencia en viviendas, es decir, porcentaje de casas examinadas que resultaron positivas para larvas de Aedes aegypti
2) Indice de presencia en recipientes, o porcentaje de cavidades con agua examinadas con resultados positivos para larvas de Aedes aegypti
3) Indice de Breteau, es decir, número total de recipientes con larvas de Aedes aegypti por cien viviendas.

En los partes epidemiológicos semanales de la Organización Mundial de la Salud (Weekly Epidemiological Record, 49: 493-500, 1971) se han publicado criterios para interpretar la probabilidad de transmisión de fiebre amarilla y Aedes aegypti a partir de los resultados de estas encuestas. La transmisión urbana de la fiebre amarilla es poco probable si el índice de Breteau es interior a cinco, el índice de presencia en viviendas inferior a cuatro y el índice de presencia en recipientes inferior a tres. Ahora bien, cuando esas cifras son, respectivamente superiores a cincuenta, treinta y cinco y veinte, existe un gran riesgo de transmisión de fiebre amarilla. Todavía no se han establecido criterios comparables para el dengue pero una interpretación similar de los índices puede ser también válida. En ambos casos, los índices de Aedes aegypti, la transmisión del virus y el grado de inmunidad de una población están relacionados.

Cálculo de las poblaciones de adultos

La vigilancia de las poblaciones de mosquitos adultos es particularmente adecuada en zonas donde es preciso evaluar rápidamente el efecto de las opera clones urgentes de exterminación. Existen métodos directos e indirectos de tomar muestras de las poblaciones de Aedes aegypti adulto. La dificultad de interpretación de los datos obtenidos por métodos directos es variable. Existen tres métodos directos utilizables: captura en reposo, captura al posarse y captura en sábana.

La captura en reposo es particularmente recomendable cuando se sabe que el dengue abunda en la zona. Consiste en la localización de mosquitos adultos en dormitorios y otras habitaciones de las viviendas, en garajes y en dependencias exteriores. También se puede realizar en patios, cementerios, neumáticos abandonados y trasteros. Los mosquitos se capturan con pequeños frascos ámpula, redes manuales de arrastre (mangas) y aspiradores bucales o de pilas. En general, los adultos prefieren los lugares sombreados y los rincones oscuros de las paredes, los repliegues de ropas o mosquiteros y la superficie inferior de mesas, sillas o camas. La especie Aedes aegypti suele estar en reposo durante el día, por lo cual se la puede capturar en cualquier momento. El operario debe dedicar a cada casa un tiempo fijo, por ejemplo veinte minutos. De esa forma, la densidad se podrá expresar en "capturación por casa" y "capturación por hora-hombre". Los mosquitos se deberán identificar por especie y sexo. Los puestos de captura se elegirán al azar o estarán emplazados en sitios fijados de antemano. Debe recordarse que la capturación hace disminuir las poblaciones y que, en consecuencia, no se deben tomar muestras cada día de la misma casa.

La captura al posarse se realiza en sujetos humanos. Estos pueden ser el propio operario u otra persona, si el trabajo se realiza por parejas. Antes de proceder de este modo deben efectuarse ensayos y, además, los métodos utilizados deben ser uniformes porque los mosquitos se sienten más o menos atraídos hacia ciertas personas. Es recomendable proceder a la captura durante veinte minutos en cada casa, desde las 09:00 a las 11:00 horas, y expresar los resultados en términos de captura por horas-hombre.

Los operarios deberán llevar consigo el siguiente equipo:

1) Formularios y lapiceros
2) Una linterna de mano
3) Frascos ámpula
4) Un aspirador
5) Una manga de captura.

Si se dispone de un aerosol paralizante, la técnica de captura por caída en sábana es un método fácil y rápido para obtener una muestra representativa de las poblaciones de mosquitos adultos en el interior de las viviendas. Consiste en extender una sábana blanca en el suelo y sobre los muebles de una habitación cuyos ocupantes habrán de desalojarla durante unos quince minutos. Una vez tapadas todas las rendijas y aplicado el aerosol paralizante, el operario saldrá de la habitación y regresará al cabo de diez minutos para recoger todos los mosquitos que hayan caído en la sábana.

Es importante que el método sea uniforme; de otro modo, los resultados no serán comparables y llevarán a conclusiones inexactas respecto a la evolución de las poblaciones. La captura en un lugar determinado podrá estar a cargo de las mismas personas y ser efectuada a la misma hora del día. El número de casas incluidas en la muestra se decidirá sobre la marcha.

Las trampas de oviposición constituyen un método indirecto de evaluar la presencia y la importancia de las poblaciones de Aedes aegypti adultos a raíz de un desastre natural. El método es particularmente eficaz para detectar la presencia del mosquito donde la densidad es tan baja que resulta difícil encontrar larvas. Las trampas de oviposición no resultan eficaces para evaluar la densidad de las poblaciones de adultos pero si se las emplea sistemáticamente permiten conocer la evolución de dichas poblaciones.


Figure (Cortesía del Dr. M. Giglioli, Islas Caimán)

Las trampas de oviposición consisten en vasijas de esmalte negro, con capacidad de medio litro aproximadamente, 130 mm de altura y 75 mm de diámetro. Puede utilizarse casi cualquier jarra de vidrio de boca ancha y con revestimiento exterior de cerámica negra pulida. Se las puede sustituir por latas o potes de bambú, pero siempre habrá que utilizar el mismo tipo de recipiente en todo el estudio. Se llena de agua hasta una altura de 2 ó 3 cm y se introduce verticalmente una lámina de material absorbente; es recomendable hacerla de tablero poroso pero también puede utilizarse cartón y papel de pana gruesos o tela. Una vez que ha absorbido el agua, la lámina es una superficie adecuada para que los mosquitos depositen sus huevos. El tamaño de la lámina será uniforme, por ejemplo 2 x 13 cm. La superficie áspera de la lámina deberá estar mirando al centro de la vasija. En general, se las cambiará cada cinco o siete días pero el intervalo exacto dependerá del número de huevos positivos que se identifiquen en el momento de la recolección.

Para obtener los resultados óptimos que puede proporcionar una encuesta basada en el uso de trampas de oviposición, es preciso conseguir una cobertura bastante completa de la zona de que se trate. Deben emplearse mapas para determinar el emplazamiento de las trampas y conviene hacer visitas sobre el terreno para elegir los sitios. A ese respecto, es útil el uso de bandas o cuadrículas. Conviene que la separación entre los sitios sea de 100 a 200 m y que las trampas estén colocadas a menos de 30 m de la línea de la cuadrícula.


Un auxiliar del servicio de lucha antivectorial de Honda (Colombia) examina una trampa de oviposición para determinar si hay indicios de infestación por Aedes aegypti.

Han de tenerse en cuenta las siguientes consideraciones:

1) Las trampas se deben colocar en el suelo o cerca de éste, porque los mosquitos hembra suelen volar muy bajo.

2) Las trampas habrán de ser visibles para las hembras que vuelen a proximidad.

3) Nunca se colocarán las trampas en puntos que puedan ser anegados por la lluvia.

4) Se evitará el acceso a las trampas de niños, gatos, perros y otros animales pequeños.

5) Las trampas estarán total o parcialmente a la sombra, en los lugares de resposo de los adultos, por ejemplo arbustos o desechos. Es preferible situarlas en la parte trasera de las viviendas y no en la delantera.

6) Los mosquitos hembra suelen preferir los neumáticos a las trampas de oviposición, por lo que no conviene disponer éstas en los lugares donde haya neumáticos almacenados.

Al recoger las láminas se cambiará el agua del recipiente, lavándolo previamente. Conviene marcar con un número o con alguna otra señal los recipientes de oviposición. Las láminas se clasificarán por fechas y se marcarán también con la misma señal. Si los operarios de recogida pasan por alto un sitio, la fecha permitirá al técnico del laboratorio reseñar la información. Las láminas se llevarán al laboratorio en un saco de plástico o envueltas en papel fino. En algunos casos se han diseñado para transporte de las láminas cajas análogas a las utilizadas para los portaobjetos de microscopios.

La presencia, distribución y evolución de la densidad de poblaciones de Aedes aegypti en una zona quedan reveladas por la presencia de huevos del mosquito en las láminas de oviposición. Sin embargo, es posible que no todos los huevos de la lámina sean de Aedes aegypti.

En caso de dificultad para la identificación exacta de los huevos, habrá que esperar su eclosión y observar las larvas. Algunos especialistas recomiendan el recuento de todos los huevos que haya en la lámina; sin embargo, a raíz de desastres bastará con registrar la presencia o la ausencia de huevos de Aedes aegypti.

Lucha contra el mosquito Aedes aegypti

En condiciones ideales, las poblaciones de Aedes aegypti se combaten con medidas estrictas de saneamiento del medio y con un abastecimiento de agua por tubería que elimine gran parte de los habitats de la especie creados por el hombre. En el período que sigue a los desastres, la interrupción del abastecimiento de agua obliga a la gente a almacenarla en recipientes, con lo que aumenta el número de esos habitats.

Las medidas de emergencia contra Aedes aegypti adoptadas a raíz de desastres naturales serán más o menos adecuadas según la presencia o ausencia de dengue o fiebre amarilla en la zona y según la densidad de las poblaciones del vector. Como ya se ha indicado, los habitats de las larvas pueden ser arrastrados o destruidos durante un desastre. Sin embargo, las lluvias durante un desastre o después de éste pueden crear nuevos habitats de larvas. En cualquier caso, pasarán varias semanas antes de que las poblaciones de mosquitos alcancen la densidad necesaria para la transmisión de enfermedades. Ese lapso será suficiente para iniciar actividades ordinarias de lucha y para que los equipos de saneamiento eliminen o vacíen los posibles habitats de larvas. Las oportunas actividades de educación sanitaria harán que el público colabore en la campaña de reducción de focos, sobre todo teniendo en cuenta que la participación de la comunidad es a voces intensa a raíz de desastres. Ello será un factor básico de todo programa eficaz de prevención de enfermedades transmitidas por Aedes aegypti.

Lucha contra las larvas

Si existe un riesgo inmediato para la salud antes de la aparición de mosquitos adultos en número apreciable, conviene proceder a la reducción de focos. El buen éxito de las campañas de este tipo dependerá de la disponibilidad de personal, de la organización y disciplina de éste y del tratamiento completo de los posibles habitats de larvas. Para la organización básica de una campaña, puede consultarse el Manual de operaciones para un servicio de erradicación de Aedes aegypti de la Organización Panamericana de la Salud.

Hay dos insecticidas utilizables para tratar los recipientes de agua potable: temefós al 1% (AbateR) en gránulos y metoprene (AltosidR) en pastillas. En muchas partes del mundo se ha utilizado el temefós como larvicida durante algunos años. Sus efectos suelen durar de uno a tres meses; es recomendable un ciclo de tratamiento de ocho semanas. La dosis de temefós para tratamiento es de 1 ppm. Puede objetarse el gusto que adquiere el agua tratada, pero cabe conseguir su aceptabilidad mediante las oportunas actividades de educación popular.

El metoprene, regulador del crecimiento de los insectos, se ha empezado a comercializar hace poco. Es inodoro e insípido y se considera inocuo para el tratamiento del agua potable. Se ha utilizado con buenos efectos en Tailandia, Indonesia y Venezuela. Debe consultarse la etiqueta para determinar la dosis adecuada de pastillas, que existen en diversos tamaños. Dado que los efectos del metoprene duran menos que los del temefós, quizá sea necesario un ciclo de tratamiento de cuatro semanas.


En Venezuela, un grupo del servicio de lucha antivectorial monta el equipo de aplicación de insecticidas en volúmenes mínimos (AVM). (Foto: J. Moquillaza)

Los insecticidas a base de temefós y de metoprene son utilizables para tratar los recipientes de agua destinada a animales. Sin embargo, en muchos casos no hará falta hacerlo porque el frecuente cambio del agua basta para impedir la proliferación del mosquito.

Hay otros insecticidas o fórmulas para los habitats de larvas que no están a proximidad inmediata del hombre. Como medida provisional pueden tratarse las latas y otros recipientes, antes de desecharlos, con concentrados para emulsiones y polvo dispersable en agua, aplicados con pulverizadores de compresión accionados a mano y automáticos. Además de insecticidas como fentión, temefós, pirimifós-metilo, malatión, fenitrotión, clorpirifós y metoxiclor, cabe emplear también aceite diesel, queroseno y aceites de marca registrada contra mosquitos. Deben consultarse en la etiqueta del producto la dosis de aplicación y las recomendaciones sobre seguridad. Dado que algunos de los productos son muy tóxicos para los mamíferos, los operarios deben observar estrictamente las precauciones indicadas. Es esencial prevenir accidentes toxicológicos o ecológicos puntualizando bien la dosis que ha de utilizarse y los lugares que se deben tratar.

Exterminación de mosquitos adultos

Los esfuerzos por combatir las poblaciones de Aedes aegypti adulto en las viviendas con rociamientos de acción residual no suelen ser eficaces porque solo un 10% de los insectos se encuentran posados en las paredes en determinado momento: la mayor parte de ellos se encuentran en vestidos, cuadros, colchas, postes de mosquiteros y otros objetos. Además, el rociamiento de acción residual es lento. En consecuencia, el procedimiento es de eficacia dudosa para combatir el mosquito Aedes aegypti en zonas urbanas. Sin embargo, puede ser de gran utilidad en los campamentos de desplazados, donde cabe utilizar pirimifós-metilo, malatión, resmetrina y piretroides sinergizados. También en este caso deben seguirse estrictamente las instrucciones del fabricante.

La combinación de operaciones de exterminación de adultos y de larvas permitirá reducir más rápidamente las poblaciones. Para mejorar la cobertura cabe emplear equipo moderno de aplicación, particularmente en los siguientes casos: 1) cuando el dengue o la fiebre amarilla tiene carácter endémico en la zona o epidémico a proximidad de ésta; 2) cuando ya está en marcha un programa contra Aedes aegypti basado en el uso de ese equipo y ha permitido combatir eficazmente las poblaciones de mosquitos; y 3) cuando el programa de exterminación de larvas es ineficaz.

El problema que plantea el uso de equipo moderno es logístico. En efecto, cuando no es fácil conseguirlo, puede pasar mucho tiempo antes de su llegada. Los vehículos suelen estar sumamente ocupados a raíz de un desastre y, a menos que sea inminente una epidemia transmitida por vectores, se los dedica a atenciones más urgentes que la de transportar equipo moderno. Otros problemas planteados por el empleo de éste, sobre todo en los programas recientes, es la falta de personal competente, la organización inadecuada y la tendencia a hacer demasiado con equipo y recursos insuficientes. Ello no quiere decir, sin embargo, que el uso de equipo moderno presente solo aspectos negativos; puede tener efectos psicológicos benéficos y, por otra parte, el sistema de aplicación de aerosoles en volumen mínimo y nebulizaciones térmicas es rápido y eficaz.

Algunas compañías fabrican equipo terrestre y portátil para rociamientos espaciales (véase el Anexo IV). Deben seguirse las instrucciones del fabricante para el empleo, mantenimiento y calibrado de ese equipo. Generalmente, las aeronaves empleadas en trabajos agrícolas son adaptables para uso con fines de salud pública.

La nebulización térmica es el más antiguo de los dos métodos existentes de rociamiento espacial. Para esas nebulizaciones existe equipo montado en vehículos y portátil. El segundo no se debe emplear en el interior de las viviendas porque presenta el riesgo de incendio. Las máquinas para el uso en el exterior son ruidosas y, además, la nebulización puede representar un riesgo para el tráfico. Existen además los inconvenientes representados por la necesidad de adquirir y transportar grandes cantidades de aceite inactivo para dispersión y por la posible descomposición térmica de los insecticidas. Pese a esos problemas, el sistema es corriente y de eficacia aceptable. La aplicación de nebulizaciones térmicas de clorpirifós, fentión, fenitrotión, malatión, naled y piretroides constituye un medio prometedor de combatir el mosquito Aedes aegypti. Para las concentraciones, dosis y precauciones en la manipulación deben seguirse las recomendaciones del fabricante.

En situaciones de emergencia pueden montarse dos nebulizadores térmicos portátiles en un vehículo que sirve como unidad móvil. Las poblaciones de Aedes aegypti suelen disminuir bruscamente a las pocas horas de nebulización; sin embargo, los adultos reaparecen al cabo de un día o dos. En consecuencia, los planes de tratamiento deben ajustarse adecuadamente.

El uso de equipo para aplicación de dosis y volúmenes mínimos de insecticidas sin diluir o parcialmente diluidos ha registrado un aumento constante. Las aplicaciones en volúmenes mínimos son rápidas y eficaces contra Aedes aegypti. Además, resultan menos onerosas que la nebulización térmica porque el costo del disolvente y de su transporte queda eliminado.

Han dado buenos resultados muchos programas de lucha con dispositivos montados en vehículos para aplicación de aerosoles en frío y en volúmenes mínimos, que pueden obtenerse de diversas compañías (véase el Anexo IV). Se han empleado clorpirifós, fentión, fenitrotión, malatión, naled, pirimifós-metilo y piretroides como el resmetrín. Aunque esos dispositivos son inicialmente onerosos, resultan utilizables durante varios años. El generador se monta en un vehículo, cuyo tipo dependerá del estado de las carreteras; cabe optar entre vehículos pesados, con tracción delantera y trasera, vehículos ligeros, de dos ruedas, etc.

Debe señalarse que por carretera no se puede llegar a todos los sitios de cría y de reposo del mosquito Aedes aegypti. En consecuencia, habrá que contar también con equipo portátil o de mochila para aplicación en volúmenes mínimos. Ese equipo se puede obtener de diversos fabricantes (véase el Anexo IV). La eficacia de ese material se aproxima a voces a la de las aplicaciones en volumen mínimo, mientras que en otros casos se trata simplemente de modificaciones de la boquilla para nebulizadores. Estos últimos dispositivos se emplean mucho en agricultura y pueden ser útiles en situaciones de emergencia. Con el equipo portátil, las dosis tienden a ser excesivas pero se ha observado que ello produce un efecto residual a corto plazo que puede ser ventajoso en las condiciones creadas por los desastres. Deberá haber, por cada pieza de equipo, dos operarios que trabajen en turnos de veinte minutos. Se dotará al personal de guantes, máscaras y vestidos protectores. Los uniformes se mudarán cada día, lavándolos después del uso y, de ser posible, se harán mensualmente determinaciones de la colinesterasa en todo el personal.

La aplicación desde el aire en volúmenes mínimos es muy rápida y ha dado resultados satisfactorios. Así ha ocurrido en Puerto Rico, México, Trinidad, Bahamas, Honduras y Jamaica con las campañas para combatir el mosquito Aedes aegypti con ocasión de epidemias de dengue. Ahora bien, el buen éxito de la aplicación dependerá de la pericia del personal. La aplicación desde el aire en volúmenes mínimos se puede encargar, por contrata, a compañías especializadas; éstas suelen emplear avionetas bimotores que permiten transportar el insecticida a grandes distancias. Dado el tamaño relativamente grande de esas aeronaves, puede tratarse una superficie grande cada vez. Es preferible escoger compañías que tengan experiencia en rociamientos con fines de salud pública. Los pilotos deberán estar adiestrados para efectuar las aplicaciones a las velocidades y altitudes adecuadas.

Para la aplicación en volúmenes mínimos también se pueden utilizar las avionetas monomotores y los helicópteros de dispersión de insecticidas y herbicidas con fines agrícolas. Los reglamentos de aeronáutica civil limitan a veces el empleo de esas aeronaves, pero generalmente pueden autorizarse excepciones en casos de emergencia. Ha de tenerse en cuenta que cuando se trata de aplicar productos antivectoriales en volúmenes mínimos, las avionetas permiten una cobertura por acre/hectárea mucho mayor que cuando se las utiliza para dispersión de plaguicidas en agricultura. En consecuencia, los costos serán diferentes. También debe señalarse que el piloto habrá de ponerse al tanto previamente de la aplicación de insecticidas con fines sanitarios, porque el método es distinto que en el caso de la agricultura.


Los nebulizadores de mochila, como este que se ensaya en Venezuela, son útiles para erradicar poblaciones adultas de A. aegypti, especies de Culex y vectores de malaria, especialmente cuando los criaderos y los lugares de reposo son inaccesibles por carretera. (Foto: J. Moquillaza)

Los insecticidas utilizables para aplicación desde el aire en volúmenes mínimos son malatión, fenitrotión, naled, pirimifós-metilo y resmetrín. A menos que haya indicios de resistencia o que puedan conseguirse más fácilmente otros insecticidas, la formula de malatión recomendada para volúmenes mínimos es 219 ml/ha-440 ml/ha (de 3 a 6 oz.). Generalmente hace falta un tratamiento múltiple para conseguir resultados eficaces; una evaluación entomológica permitirá determinar la frecuencia del tratamiento. Cuando ello no sea posible, el insecticida se aplicará semanal o bisemanalmente, hasta que la población de mosquitos adultos sea insignificante.

Es importante seguir las instrucciones de la etiqueta sobre el empleo del equipo y del insecticida. Además, hay otros factores de los que debe estar al tanto el personal para emplear el equipo sin riesgo y eficazmente. Una consideración es el tamaño de las gotas de insecticida. Cuando éstas son demasiado pequeñas, tienden a desviarse de la zona a tratar y pueden constituir un riesgo para las personas que las respiran; cuando son demasiado grandes, los residuos del insecticida pueden deteriorar la pintura, por ejemplo de automóbiles. Las boquillas para el equipo de aplicación desde el suelo en volúmenes mínimos habrán de producir gotas de 5 a 27 micrones como mínimo. En el caso del malatión, el diámetro medio mínimo (DMM) no excederá de 17 micrones. Esos límites cambian cuando el insecticida se aplica desde el aire. Para el malatión, las boquillas habrán de producir gotas de menos de 50 micrones (DMM), y para el naled de menos de 30-80 micrones (DMM).

La velocidad y las condiciones atmosféricas son importantes cuando se aplican insecticidas desde vehículos terrestres. El vehículo no habrá de desplazarse a más de 16 km por hora, y la aplicación deberá interrumpirse cuando la velocidad del viento sea superior a ésa o cuando la temperatura del aire exceda de 28°C. Conviene efectuar la aplicación a primera hora de la mañana (06:0()08:30 horas) o a la caída de la tarde (17:00-19:30 horas). Sin embargo, para combatir las plagas de Culex y de otras especies de mosquitos se puede trabajar hasta bien entrada la noche.

La información de que debe disponerse para la aplicación de insecticidas desde el aire variará según el tipo de aeronave, el insecticida y el equipo utilizados. En el caso del malatión, la altitud deberá ser de 30 a 65 m y la velocidad de la aeronave, de 160-260 km por hora. La anchura de las bandas de aspersión variará según la altitud. Es preferible efectuar la operación a primera hora de la mañana. Las temperaturas habrán de ser inferiores a 27°C y la velocidad del viento no superior a 16 km por hora. Además, conviene que haya inversión de temperatura, es decir, que la del suelo sea más baja que la del aire.

Las precauciones a adoptar con el pequeño equipo portátil son una mezcla exacta de combustible y verificación de que no hay fugas de combustible y de que el motor no se calienta excesivamente. En las publicaciones sobre lucha antivectorial pueden encontrarse más detalles acerca del empleo de equipo para rociamientos espaciales.

Evaluación de las medidas de lucha

La evaluación de las medidas de lucha en situaciones de emergencia suele ser poco satisfactoria o se ignora por completo, debido a planificación inadecuada o a falta de recursos y de personal preparado. Si una epidemia se atenúa o estaciona, la operación se considera esencialmente eficaz.

Esta práctica no debe criticarse demasiado; las operaciones de emergencia no se deben aplazar por falta de oportunidad para evaluarlas. Sin embargo, la evaluación siempre es aconsejable porque puede ahorrar tiempo valioso y dinero durante toda la fase de emergencia, y servir de modelo para el futuro.

La evaluación de las medidas de lucha entomológica permite obtener información importante utilizable para decidir dónde y en qué zonas exactas deben aplicarse insecticidas. Asimismo, permite determinar la eficacia de éstos y del programa en general. La evaluación de los procedimientos y de la calidad y cantidad del trabajo realizado indicará la manera de remediar las deficiencias.

La información que se necesita sobre la eficacia de las medidas correctivas adoptadas es la misma a raíz de desastres naturales que de otras situaciones de emergencia. Así, en caso de que ya se hayan adoptado métodos para evaluar los programas de lucha antivectorial existentes en la zona, cabe aplicarlos también para evaluar las medidas de lucha entomológica adoptadas durante la situación de emergencia.

Los métodos de muestreo de la población antes descritos para vigilancia son utilizables para evaluar los efectos de la lucha por medios químicos. Los estudios sobre larvas basados en el uso de los índices de House, Container y Breteau podrían dar una indicación de los cambios de la importancia numérica de las poblaciones de larvas antes y después del tratamiento. Dichos estudios o encuestas son especialmente útiles si se han aplicado larvicidas. En cierto grado la observación de la presencia o ausencia de gránulos o pastillas también sirve para determinar el grado de aceptación del tratamiento por el público. Sin embargo, al evaluar el efecto de las medidas urgentes de exterminación de adultos, los estudios sobre larvas indicarán poca o ninguna respuesta inmediata.

Mediante rociamiento espacial en volumen mínimo o nebulización térmica deberían reducirse de inmediato las poblaciones de adultos. La comparación de las capturas de adultos en reposo o al posarse antes y después del tratamiento no indicará solo el efecto inmediato del tratamiento en las poblaciones al cabo de 24 horas; si la comparación se realiza después del tratamiento con un intervalo de dos o tres días, los resultados pueden utilizarse además para planificar aplicaciones adicionales de insecticida. Las capturas hechas a intervalos similares en una zona no tratada mostrarán el efecto de los cambios climatológicos en la variación de la densidad de mosquitos u otras fluctuaciones no afines que pueden producirse simultáneamente. Vale la pena contar con un técnico, pero no es esencial la disección de los insectos para obtener tasas de paridad antes y después del tratamiento.

Las trampas de oviposición también pueden revelar los cambios inmediatos de la población de hembras adultas. Si se usan bastantes trampas quizá se observe una recuperación de las poblaciones, indicativa de falta o deficiencia de cobertura.

Las biovaloraciones de Aedes aegypti u otras especies vectores en insectarios constituyen un método útil de evaluación. Pueden utilizarse mosquitos capturados pero, en tal caso, será necesario un reajuste del tamaño de la muestra, compensatorio de la disparidad de edades de los insectos que la componen. Para las biovaloraciones de adultos suelen emplearse hembras de tres o cuatro días alimentadas con sangre, y para las larvas, las de la tercera o principios de la cuarta fase larval. Sin embargo, el segundo sistema es poco útil para evaluar el efecto de los rociamientos espaciales.

Las biovaloraciones de adultos se realizan colocando de 30 a 100 insectos en una jaula. Son excelentes y reutilizables las construidas con tela metálica galvanizada, aunque también las hay desechables y baratas, hechas con vasos de papel, tubos de cartón o marcos de alambre cubiertos con tela metálica. Las jaulas se dispondrán a intervalos de 30 a 100 metros a lo largo de la banda de aspersión desde el aire, o en ángulo recto con la dirección del rociamiento cuando se utiliza equipo terrestre. Al cabo de una hora de exposición, se retiran las jaulas y se traslada a los insectos a otras limpias, donde se los alimenta y mantiene para hacer el recuento de mortalidad en 24 horas. En general, cuanto más cerca esté la jaula de la fuente de rociamiento, mayor será la tasa de mortalidad. Deben anotarse las tasas para cada emplazamiento y los resultados darán una indicación indirecta de la mortalidad de las poblaciones naturales, la anchura de la banda de aspersión, las deficiencias de cobertura y otros datos sobre aplicación.

Inmediatamente después de un desastre natural o durante una epidemia transmitida por vectores se olvida a veces la posibilidad de que éstos sean resistentes a los insecticidas. La Organización Mundial de la Salud cuenta con estuches para determinación de la susceptibilidad de los mosquitos adultos y larvas a los insecticidas. Si no se dispone de dichos estuches, pueden realizarse sobre el terreno biovaloraciones de los productos disponibles. En las Américas, el mosquito Aedes aegypti es resistente a los insecticidas organoclorados y en ciertas zonas puede existir tolerancia a algunos organofosforados. Aun cuando no se desarrollen programas sistemáticos de lucha antivectorial, el uso de plaguicidas con fines agrícolas o domésticos puede favorecer la adquisición de resistencia.

Cuando se utiliza equipo para aplicación de insecticidas en volúmenes mínimos es a veces necesario calibrar la dosis y determinar el tamaño de las gotas. Los prospectos del fabricante de equipo o insecticida deben contener información sobre los procedimientos correspondientes.

Capítulo 6: Vectores anofelinos de la malaria

En la mayoría de los países maláricos existen programas de lucha o de erradicación. Según el estado del programa, puede variar su estructura administrativa y función. Ciertos desastres naturales, como los huracanes y las inundaciones, pueden afectar a los criaderos de los mosquitos anofelinos. Cuando la malaria es endémica debe preverse la posibilidad de un aumento del número de casos de malaria a los dos o más meses del desastre, por lo que conviene adoptar las medidas apropiadas.

Vigilancia de la malaria

La vigilancia de la malaria puede orientarse hacia la localización de casos humanos o hacia los cambios de la población de mosquitos. En los programas de lucha ha de concederse prioridad a la localización de casos.

Vigilancia epidemiológica de casos humanos

La mayoría de los programas de erradicación de la malaria comprenden actividades de localización activa y pasiva de casos, entre ellas la toma de extensiones de sangre por colaboradores voluntarios o por personal del programa, que realizan su labor a domicilio (según procedimientos establecidos) o en consultorios, hospitales y puestos de salud. Deben estudiarse los resultados del análisis de las extensiones obtenidas anual y mensualmene en todas las zonas afectadas directa o indirectamente por el desastre.

Cuando el programa de erradicación está en la fase de mantenimiento, hay circunstancias en que es mayor la posibilidad de que se reanude la transmisión. El riesgo es considerable si existen muchos casos importados de malaria, condiciones ambientales favorables y relativa abundancia de vectores anofelinos.

En las zonas afectadas por desastres, el riesgo potencial de transmisión de la malaria se puede determinar según esos factores. A raíz de un desastre debe intensificarse la vigilancia. El reasentamiento de poblaciones o el cambio del modo de vida y las actividades de la comunidad entrañará una reorganización considerable. Debe recabarse la ayuda de colaboradores voluntarios para detectar cualquier aumento repentino del número de casos de fiebre. Además, se alertará a todos los servicios médicos, públicos y privados, y se evaluarán las actividades realizadas sobre el terreno y en laboratorio.

Un alerta de este tipo puede representar una carga excesiva para los servicios de laboratorio. Cuando es de temer una epidemia de malaria debe procurarse reforzar el personal de los laboratorios de la especialidad o de cualesquiera otros que dispongan de técnicos competentes, tales los de las escuelas de medicina, consultorios de hospital y clínicas privadas. Sin embargo, conviene señalar que la reexpedición de las extensiones de sangre causará problemas de logística al epidemiólogo que acopia estadísticas.

Es posible que en el programa de epidemiología se planteen otros problemas. Los datos del censo y los mapas pueden ser inexactos debido al traslado de familias a raíz de un desastre natural. Los oficiales del programa antimalárico deben establecer sistemas de vigilancia en los nuevos asentamientos para corregir esas inexactitudes.

El personal de vigilancia epidemiológica deberá saber qué parásitos de la malaria existen en una comunidad y detectar cualquier cambio de la prevalencia. Hay que evaluar los posibles cambios del riesgo e indicar las zonas o poblaciones en que se precisan medidas correctivas suplementarias. Las tácticas comprenderán quimioprofilaxis, localización y tratamiento de casos y lucha antivectorial. Conviene que el sistema de vigilancia permita dar a conocer al personal los cambios necesarios del momento de aplicar la estrategia. Deben examinarse periódicamente las existencias de medicamentos antimaláricos para hacer los pedidos oportunamente.

En el intervalo entre el desastre y el posible aumento de las infestaciones, el director del programa antimalárico se ocupará de la plena reimplantación de la vigilancia, sirviéndose para ello de colaboradores voluntarios y de personal de operaciones y de los servicios de salud. Ello entrañará la provisión de suficientes medicamentos para profilaxis y para tratamiento.

Hay que intensificar la vigilancia epidemiológica y entomológica, y anotar en un mapa esquemático grande los datos pertinentes para facilitar la evaluación de zonas que exigen atención prioritaria. En el mapa figurará la importancia numérica y la distribución de casos de malaria confirmados y sospechosos. La zona de mayor desarrollo agrícola y las muy expuestas a la transmisión se delimitarán según tres factores: el tamaño y la distribución de las poblaciones de vectores, el aumento de los criaderos de larvas y la posible existencia de reservorios de enfermedades.

El epidemiólogo estudiará con el personal de lucha antivectorial y de entomología los posibles aumentos de la infestación y los cambios de densidad de las poblaciones de vectores.

Vigilancia entomológica

Hasta ahora no se ha concedido mucha importancia a la vigilancia entomológica en los programas de lucha antimalárica. En consecuencia, es posible que dicha vigilancia a raíz de un desastre natural sea menos eficaz que la epidemiológica. Sin embargo, puede ser que el personal de lucha antivectorial haya participado en la evaluación de resultados y posea información útil sobre insecticidas y vectores. Por ejemplo, quizá conozca la susceptibilidad del vector al insecticida, la duración del efecto residual y los ciclos de rociamiento. En cuanto a los vectores, pueden indicar los factores estacionales y geográficos importantes, los habitats, el comportamiento de los vectores primarios y secundarios, y la capacidad vectorial de los mosquitos.

La mayoría de los programas antimaláricos se basan en la labor del personal de lucha antivectorial. En consecuencia, dicho personal dispondrá de mapas, podrá suministrar información actualizada sobre tratamiento con insecticidas y tendrá un conocimiento a fondo de las comunidades. Además, estará al tanto de la situación epidemiológica (fase de ataque, de consolidación y mantenimiento) en diversas zonas, y podrá así preparar planes adecuados de emergencia.

Si el programa antimalárico dispone de personal de entomología y lucha antivectorial, deberá efectuarse una encuesta ulterior al desastre en la zona endémica sospechosa. El estudio comprenderá el acopio de los siguientes datos:

1. Emplazamiento de las estaciones de toma de muestras de larvas y posible proliferación de especies vectors, con el correspondiente mapa indicativo.

2. Densidad de las poblaciones de mosquitos adultos, determinada por:

a) Captura en seres humanos o animales;
b) Captura en reposo o tras aplicaciones paralizantes de piretro;
c) Trampas luminosas;
d) Otros métodos de captura utilizables, si se dispone de personal, tiempo y equipo.

3. Especies de anofelinos importantes en la zona y su posible radio de vuelo desde los criaderos.

4. Historia del tratamiento y resultados de las pruebas de susceptibilidad a los insecticidas, así como de las biovaloraciones en paredes tratadas recientemente.

Una vez realizadas esas encuestas iniciales, pueden determinarse lugares de estudio permanente sobre la densidad de las poblaciones de larvas y adultos de anofelinos. Deben registrarse datos meteorológicos de la zona, especialmente la precipitación pluvial, determinando su influencia en la densidad de las poblaciones de vectores. También son de interés el tipo de agricultura y los desplazamientos de personas y de animales domésticos hacia las zonas expuestas o desde éstas.

La captura nocturna de anofelinos con cebo es necesaria, debido a los hábitos de picadura de estos insectos. Ello exigirá más horas de trabajo a los grupos de entomología y mayores gastos de transporte.

En la sección del Capítulo 5 titulada "Vigilancia" se especifican los métodos de captura de larvas y mosquitos adultos. En las encuestas se tendrá particularmente en cuenta lo siguiente:

1. No todas las especies de anofelinos son vectores de la malaria.
2. Es posible que las especies prefieran distintos huéspedes.
3. Las horas preferidas para picar varían según las especies.
4. No todos los anofelinos caen en las trampas luminosas.
5. Algunos anofelinos son endofílicos, otros exofílicos y otros ambas cosas.
6. El radio de vuelo no es uniforme para todas las especies.

La comparación de los resultados del reconocimiento geográfico y de las encuestas preliminares, así como de las encuestas sistemáticas ulteriores en la zona expuesta, facilitarán al entomólogo datos que serán de utilidad para los especialistas de lucha antivectorial y planificación. La información básica que ha de obtenerse será:

1. Vectores existentes en la zona y sus criaderos.
2. Variaciones estacionales y densidad relativa de las poblaciones de vectores.
3. Huéspedes preferidos y hábitos del vector en cuanto a alimentación, vuelo y reposo.
4. Susceptibilidad de los vectores a los insecticidas.
5. Contacto con el huésped humano.
6. Existencia o no de transmisión activa de la malaria.
7. Aplicación apropiada y efecto residual de los insecticidas en las viviendas, lo que será difícil de evaluar si el personal no ha llevado registro de los rociamientos anteriores, las fechas y los productos aplicados.
8. Otros insecticidas en reserva u obtenibles.
9. Condiciones geográficas, meteorológicas e hidrológicas que determinan la estación y los lugares de cría.

Lucha contra los anofelinos

Mason y Cavalié han informado (1965) sobre una epidemia de malaria consecutiva al Huracán Flora, en Haití. Observaron que la mayoría de los habitantes carecían de vivienda o estaban en refugios provisionales, con una exposición máxima a los mosquitos. También señalaron una interrupción casi completa de la cobertura de las viviendas con insecticidas y un aumento de los desplazamientos de población. Durante el Huracán David en Dominica (1979), aproximadamente el 80% de los techos de las viviendas fueron arrancados por el viento, quedando los interiores expuestos a las lluvias torrenciales. En esas condiciones es muy poco probable que quede insecticida de acción residual en las estructuras. Ese tipo de factores, así como el posible cambio de la densidad de las poblaciones de vectores, se deben tener en cuenta al planificar actividades de lucha.

Las medidas correctivas se adoptarán teniendo presentes factores tales como el estado de las operaciones ordinarias de rociamiento, el resultado de las biovaloraciones en las paredes de las viviendas tratadas, la situación (de la malaria) antes del desastre, los criaderos de mosquito y la densidad de las poblaciones de adultos. No hay que olvidar tampoco las condiciones de la vivienda y los desplazamientos de la población humana. Aunque el uso de medicamentos antimaláricos figurará también en cualquier campaña preventiva o correctiva, en este manual solo se examinarán las medidas antivectoriales.

Un programa básico de lucha contra los anofelinos puede constar de lo siguiente:

1. Reducción de focos mediante avenamiento y terraplenado de lugares de cría.

2. Lucha contra las larvas, por los siguientes medios:

a) introducción de peces larvívoros;
b) tratamiento focal de criaderos con larvicidas.

3. Lucha contra los mosquitos adultos mediante:

a) aplicación de insecticidas de acción residual con pulverizadores de compresión accionados a mano;
b) tratamiento perifocal en zonas pequeñas o aisladas con nebulizadores de mochila;
c) tratamiento peridoméstico en zonas grandes y accesibles con generadores de aerosol montados en vehículos;
d) dispersión desde el aire para lucha de emergencia contra brotes que no se puedan combatir con equipo terrestre.

Lucha contra las larvas

En los programas antimaláricos, las medidas de exterminación de larvas han solido ser menos importantes que las de exterminación de adultos. Sin embargo, cuando el desastre se produce en un país donde se aplicaban medidas contra las larvas, conviene reimplantarlas lo antes posible. El tipo de medirlas apropiadas depende de los criaderos del vector y de la orientación que den al respecto los entomólogos.

En las zonas donde se controlan las condiciones ambientales, el reconocimiento desde el aire indicará el estado de los desagües y el encharcamiento, así como las medidas correctivas apropiadas. Pueden iniciarse algunas obras manualmente o con el equipo disponible. Sin embargo, el control de las condiciones del medio ambiente suele ser lento al principio y es demasiado costoso para desempeñar un papel importante en situaciones de emergencia.


Aunque con posterioridad a desastres no suelen producirse brotes de enfermedades infecciosas, es posible que aumente el potencial de transmisión debido a la interrupción de las actividades de lucha antivectorial en algunas zonas. Durante los cinco meses siguientes al huracán que asoló Haití en 1963 se registraron 75.000 casos de malaria por P. falciparum.

En los programas corrientes de lucha contra las larvas se han empleado agentes biológicos, especialmente peces larvívoros. Es posible que estos agentes sean destruidos o dispersados durante el desastre, y que por ello resulten poco útiles. Sin embargo, si se los ha utilizado, debe determinarse su estado actual. Las zonas muy expuestas deben repoblarse lo antes posible si existen programas de piscicultura fuera de la zona del desastre.

Los medios químicos son más eficaces durante las epidemias. En los lugares donde se han aplicado corrientemente larvicidas puede proseguirse la aplicación si lo justifican la biología y el habitat del vector. La susceptibilidad debe ensayarse con larvas capturadas en el campo antes de pedir o usar larvicidas.

Para tratar las extensiones de agua pueden usarse distintos tipos de equipo, por ejemplo pulverizadores de compresión accionados a mano, distribuidores desde el suelo para huertos y terrenos agrícolas y sistemas de rociamiento desde el aire. Para aplicar larvicidas con rociadores manuales se usan una técnica y una boquilla distintas que para aplicar insecticidas de acción residual en las paredes. Hay productos, como "Tossits", pastillas y gránulos, que pueden esparcirse a mano.

Además de las sustancias químicas orgánicas corrientes, pueden usarse contra las larvas derivados del petróleo, estratos monomoleculares no derivados del petróleo e inhibidores del crecimiento de los insectos. Quizás en el futuro también puedan emplearse bacterias y otros agentes biológicos.

Lucha contra los vectores adultos

En situaciones de emergencia, el mejor método para exterminar la población de anofelinos es la lucha contra los insectos adultos. En la mayoría de los programas de erradicación de la malaria este es el medio básico de erradicación. Sin embargo, para que el programa sea eficaz, el mosquito debe ser susceptible al insecticida y debe entrar en contacto con este. El pulverizador de compresión accionado a mano, con una boquilla apropiada, es particularmente útil para la aplicación de insecticidas de acción residual en las paredes de viviendas y otros lugares de reposo de los anofelinos.

La elección del tipo de insecticida dependerá de la información entomológica, por ejemplo los resultados de las pruebas de susceptibilidad y las biovaloraciones, y de la disponibilidad del producto. En un programa activo de malaria no hay razón para sustituir los insecticidas o cambiar el método corriente. Las brigadas de rociamiento deben empezar su trabajo lo antes posible después del desastre, para tratar las viviendas provisionales y, cuando sea necesario, volver a tratar las viviendas permanentes. Ese personal deberá estar al tanto de los desplazamientos de población y de todas las nuevas construcciones. Durante los meses que siguen al desastre, la participación de la comunidad deberá ser más intensa.


En Villavicencio (Colombia) un auxiliar del servicio de lucha antivectorial obtiene en una lámina una muestra de gotas de insecticida. El equipo AVM se debe calibrar antes del uso para que las gotas sean del tamaño conveniente. (Foto. J Moquillaza)

En los programas antimaláricos se usan generalmente fórmulas a base de polvo hidrodispersable. Los concentrados para emulsiones son preferibles en viviendas con paredes pintadas, donde el polvo hidrodispersable dejaría depósitos. Sin embargo, a raíz de desastres naturales, la elección suele basarse en la disponibilidad o la rapidez de entrega del producto.

En la lucha contra brotes de enfermedades, no basta con aplicar insecticidas de acción residual en las superficies donde reposan los mosquitos. En muchos programas antimaláricos, se usan nebulizadores térmicos durante las fases de consolidación y mantenimiento para tratar el terreno en torno a las casas donde hay casos activos de malaria. La aplicación suele hacerse al crepúsculo, inmediatamente antes de que empiecen a picar los vectores. También es utilizable para este fin el equipo de aplicación en volúmenes mínimos. Una vez identificados los lugares de reposo y los principales criaderos del vector, pueden tratarse la zona y sus alrededores con nebulizaciones térmicas y volúmenes mínimos. La aplicación desde el aire de insecticidas en volúmenes mínimos ha resultado eficaz para combatir los anofelinos en Haití (Am J Trop Med Hyg 24: 183-205, 1975). En situaciones de emergencia, deben tenerse en cuenta esos métodos, sobre todo si falta o es ineficiente el personal de rociamiento desde el suelo.

Ha de concederse atención especial a la situación de los campamentos de emergencia y de desplazados. Para elegir el emplazamiento se consultará a los especialistas de lucha antivectorial y además se procederá a una vigilancia entomológica continua. De ser posible, los campamentos se instalarán lejos de los lugares donde pueda haber criaderos de mosquitos u otros vectores. En los campamentos ya instalados, se procurará excluir del habitat humano al vector. De ser posible, se instalará tela metálica en ventanas y puertas, y a las personas no protegidas se les proporcionarán mosquiteros, recomendándoles que los usen. Cuando esto no sea aplicable, se insistirá en las medidas profilácticas personales. Los criaderos próximos al campamento que no puedan desecarse, se tratarán con aceites o larvicidas. Pueden usarse repelentes de insectos, como DEET y rollos de piretro, individual o colectivamente. En las zonas donde la malaria sea endémica, se recomendará el uso corriente de medicamentos antimaláricos.

La educación sanitaria, combinada con la participación individual y de la comunidad, puede reducir al mínimo los efectos de una epidemia y facilitar además la labor del personal de lucha antivectorial

Evaluación de las medidas de lucha

Ni el aumento de la infestación malárica ni la rápida y considerable reducción del número de casos durante una situación de emergencia son verdaderos signos de eficacia de las medidas de lucha. En consecuencia, debe disponerse de datos epidemiológicos actualizados para orientar las actividades del personal.

En la evaluación de la eficacia de las medidas de lucha entomológica y antivectorial se tendrán en cuenta los resultados de las biovaloraciones en paredes y estructuras, determinativas de la cabalidad de la cobertura con insecticida y de la acción residual. También se deben anotar el número de casas rociadas, las que se pasaron por alto y las que no se pudieron rociar, y se evaluará la susceptibilidad de los vectores a los insecticidas.

Capítulo 7: Culex quinquefasciatus y otros mosquitos que constituyen molestias

Culex quinquefasciatus se considerará en la mayoría de los casos como simple mosquito molesto. Sin embargo, en algunas regiones son vectores de la encefalitis de San Luis y de la filariasis de Bancroft. Hay otras especies, normalmente consideradas dentro de esta categoría, que pueden ser vectores de arbovirus. El tratamiento contra estos mosquitos será superficial, debido a la variedad de los habitats de sus larvas y a su limitada importancia en medicina. En muchos casos su presencia será motivo de queja y habrá que tomar alguna medida correctiva.

Vigilancia

La información básica disponible sobre los mosquitos que constituyen una molestia será escasa, a menos que haya sido obtenido para una industria turística o un programa municipal de exterminación. La densidad de las poblaciones de esos mosquitos inmediatamente después de un desastre natural puede ser baja, al igual que en el caso de Aedes aegypti. Sin embargo, el cambio de las condiciones del medio que se produce durante un desastre o a raíz de éste puede favorecer la proliferación.

Los mosquitos que se crían en ciertos habitats pueden aumentar numéricamente al cabo de un mes de ocurrido el desastre. Esos habitats son: esteros de agua salobre, tremedales, pantanos de agua dulce o de mangrove, afluentes de alcantarillas, lagunas semipermanentes, charcas de terreno boscoso, recipientes artificiales, zanjas, remansamientos de agua de riego, embalses, arrozales y recipientes naturales como por ejemplo huecos de árboles o rocas y agujeros de cangrejos. Aunque las especies de mosquitos serán muy distintas de una zona a otra, será preciso identificarlas. Para una vigilancia eficaz es preciso conocer las especies y los habitats de todos los mosquitos.

En las universidades o bibliotecas pueden conseguirse listas de los mosquitos y otros insectos picadores que hayan sido capturados en la zona. En las publicaciones pertinentes figurará información básica sobre el radio de vuelo, las preferencias en cuanto a huésped, el ciclo de vida, los habitats de larvas, los lugares de reposo de los adultos y los métodos específicos de exterminación.

Los mapas topográficos y fotografías aéreas permitirán detectar posibles puntos de proliferación, al igual que en el caso de Aedes aegypti. En los terrenos donde se hayan adoptado medidas de saneamiento, por ejemplo construcción de diques para combatir los mosquitos, los vuelos de reconocimiento facilitarán datos útiles sobre el estado de las obras. (También pueden emplearse mapas y fotografías para localizar estaciones de toma de muestras que permitan evaluar la densidad de las poblaciones.) A falta de mapas topográficos o fotografías, o en el caso de que no faciliten la información necesaria, la toma de fotografías y el trazado de planos durante los vuelos facilitarán la orientación necesaria para localizar sitios de cría. Los vuelos pueden también aprovecharse para planificar operaciones de avenamiento y de lucha por medios químicos.

Culex quinquefasciatus se cría en aguas muy contaminadas. Puede producirse un rápido aumento de las poblaciones cuando se han construido letrinas de pozo provisionales a raíz de un desastre que ha destruido los sistemas de alcantarillado. En consecuencia, habrá que examinar el emplazamiento de las letrinas en los campamentos de refugiados, los puntos de descarga de basuras en terrenos anegados, y otros lugares donde haya agua estancada (sobre todo los recipientes artificiales) que pueda contaminarse.

La toma de muestras de la población se efectuará generalmente a intervalos semanales en esteros, pantanos y otros habitats acuáticos. A veces será necesario proceder a capturas bisemanales de Culex quinquefasciatus. Hay que destacar, sin embargo, que esos mosquitos constituirán raramente un problema médico y que la toma de muestras solo debe realizarse cuando se disponga de personal y de recursos para ello. La eliminación de la mayor parte de los habitats de Culex quinquefasciatus se puede conseguir sin una vigilancia estricta. Bastarán al efecto las quejas que se formulen en los campamentos de desplazados o en los reasentamientos.

Cálculo de las poblaciones de larvas

En las encuestas iniciales, el personal de captura debe suponer que donde haya agua estancada habrá criaderos de mosquitos. A medida que el personal se familiarice con la zona, podrá depurar sus observaciones sobre especies y sobre el habitat preferido por las larvas. Los entomólogos pueden colaborar en la identificación de espécimenes.

Las larvas se capturan con cacillos y otros recipientes de esmalte blanco, o con un sifón. Pueden utilizarse linternas de mano o espejos para iluminar los sitios de cría o descubrirlos. Los cuentagotas o pipetas de uso clínico sirven para transferir las larvas del utensilio de recogida a frascos ámpula y botellas. Es conveniente hacer las capturas en múltiplos de diez, y las inspecciones semanal o bisemanalmente.

Cálculo de las poblaciones de adultos

Las encuestas sobre presencia de mosquitos adultos deben estar concebidas de manera que indiquen una relación entre los criaderos y la población humana. Los cambios observados en la densidad de población utilizando uno o varios métodos de captura permitirán determinar la necesidad de medidas de exterminación, su eficacia, la importancia del problema planteado por los mosquitos y la posibilidad de transmisión de arbovirus. Al igual que en todas las encuestas, es imprescindible tener mapas de la zona, formularios bien concebidos para reseña de datos, métodos y sitios de captura uniformes y personal bien organizado y adiestrado. En ciertas condiciones será posible utilizar los adultos capturados para aislar arbovirus. Ahora bien, ello solo se hará si a proximidad de la zona del desastre existen indicios de encefalitis venezolana, oriental, occidental o de San Luis, o de otra actividad de arbovirus. Deberá disponerse de un laboratorio para aislamiento, de equipo de entomología para las operaciones sobre el terreno y en laboratorio y de personal adiestrado para este tipo de trabajo.

Los métodos de captura de mosquitos son diversos; entre ellos cabe mencionar los siguientes:

1) Para captura al posarse o al picar, utilizando animales o sujetos humanos:

a) determinar los hábitos del vector en cuanto a picadura;
b) realizar la captura en las mismas horas del día, en los mismos lugares, durante el mismo periodo de tiempo y utilizando el mismo tipo de cebo;
c) cuando existe un problema conocido de transmisión vectorial de enfermedades o se sabe que la densidad de las poblaciones es alta, utilizar promedios de los mosquitos que se posan.

2) Si se dispone de tiempo y personal:

a) emplear trampas de entrada o salida (estas últimas se usan en algunas evaluaciones entomológicas de malaria);
b) emplear trampas de entrada (solo mosquitos que no hayan picado) cuando se trate de aislar virus;
c) operar durante la noche cuando el cebo animal no está presente;
d) fijar el número de capturas por unidad de tiempo.

3) Si se utilizan animales como cebo:

a) emplear trampas de tamaño y resistencia suficientes para que el animal esté cómodo y sea fácil la entrada y la salida de éste;
b) operar durante la noche y fijar la hora en que se coloca y se quita el cebo (las temperaturas de primera hora de la mañana pueden ser molestas para un animal enjaulado);
c) si los espécimenes aislados se utilizan para aislamiento de virus, emplear trampas que permitan separar los mosquitos del cebo;
d) para dispositivos de dióxido de carbono, emplear trampas de cebo más pequeñas, por ejemplo la de tocino ideada por Bellamy y Reeves (Mosq, News 12: 256-258).

4) Si se opta por trampas luminosas:

a) tener en cuenta que en las Américas existen dos tipos preferidos de tamaño mínimo, que son el de New Jersey y el de los Centros para el Control de Enfermedades (a veces modificados) y que si no hay corriente eléctrica conviene elegir modelos de pilas;
b) recordar que las trampas luminosas atraen tanto a machos como a hembras desde considerables distancias y que la captura con el modelo de los Centros para el Control de Enfermedades será más fácil si a proximidad se produce dióxido de carbono o se dispone hielo seco;
c) al emplazar las trampas luminosas, procurar que no estén a proximidad de otros puntos de luz;
d) recordar que pueden capturarse mosquitos vivos disponiendo una bolsa de rejilla, y mosquitos muertos poniendo un recipiente donde caigan, y que los especímenes vivos son utilizables para determinaciones de virus;
e) colocar las trampas a horas y en sitios fijos;
f) proceder con precaución al manipular y separar el material capturado, ya que hay muchos otros insectos que son atraídos por las trampas luminosas.

5) En lo que respecta a los puntos naturales y artificiales para que se posen los mosquitos, es útil saber lo siguiente:

a) muchos mosquitos, en particular algunas especies de Anopheles y Culex, prefieren los sitios oscuros, frescos y húmedos para posarse durante el día;
b) habrá que indagar los sitios naturales de reposo de distintos mosquitos, por ejemplo edificios (en particular los no protegidos con tela metálica donde habitan hombres o animales), puentes, atarjeas, bodegas y árboles huecos. La captura se puede hacer con un aspirador;
c) se han usado, a voces con resultados satisfactorios, cajas artificiales de reposo pero en las situaciones de emergencia consecutivas a desastres habrá quizá que descartar este método;
d) existen grandes aspiradores mecánicos y otros dispositivos accionados por vacío utilizables para capturar mosquitos posados en las plantas.

6) La técnica de la sábana de caída descrita anteriormente es de dudosa utilidad en situaciones consecutivas a desastres.

La interpretación de los resultados de las encuestas sobre larvas y adultos dependerá de la información básica disponible y de los tipos de enfermedades de transmisión vectorial que existan en la zona afectada por el desastre. Los mosquitos inofensivos representan a menudo una molestia importante a raíz de desastres. Sin embargo, antes de utilizar fondos y personal para combatirlos, habrá que sopesar otras atenciones que pueden ser prioritarias.

Lucha contra los mosquitos del género Culex

Lucha contra las larvas

Las medidas de saneamiento del medio constituyen un método ideal de combatir los mosquitos. En caso de que un desastre natural produzca plagas, habrá que estudiar la posibilidad de actividades de saneamiento a largo plazo (por ejemplo encauzamiento, avenamiento y estabilización de corrientes de agua) y reducción de focos. Sin embargo, la acción correctiva inmediata habrá de consistir probablemente en la lucha contra adultos o larvas por medios químicos.

Además de los productos usuales (por ejemplo, compuestos organotosforados, carbamatos e hidrocarburos clorados), pueden utilizarse también como larvicidas aceites derivados del petróleo, estratos monomoleculares no derivados del petróleo, piretroides sintéticos e inhibidores del crecimiento de insectos. La elección del larvicida dependerá del efecto que pueda tener en otros animales, de los insecticidas disponibles, de la susceptibilidad del mosquito al producto, del tipo de habitat que haya que tratar y del costo relativo. A fin de evitar la formación de resistencia se recomienda utilizar productos químicos distintos para exterminación de larvas y para exterminación de adultos.

Lucha contra los mosquitos adultos

En general pueden utilizarse los mismos métodos de rociamiento espacial empleados para combatir el Aedes aegypti, es decir, nebulización térmica y aplicación de aerosoles en volúmen mínimo. La dispersión desde el aire de insecticidas ha resultado eficaz contra los mosquitos que constituyen una molestia en los Estados Unidos de América. Sin embargo, el sistema quizá no resulte práctico en todos los casos, a menos que se disponga de aeronaves especiales para saneamiento. Se hará una excepción cuando los mosquitos molestos sean incriminados como vectores de enfermedades por arbovirus y cuando estén en aumento las poblaciones de esos mosquitos o de los transmisores de la malaria.

Debe procurarse que el público utilice repelentes, rollos de piretrina para quemar durante la noche y mosquiteros para dormir. Las pequeñas bombas de aerosol resultan útiles en ciertos casos, por ejemplo en campamentos de desplazados y en dormitorios.

Capítulo 8: Moscas, roedores y otros vectores

El problema de las moscas sinantrópicas

Las moscas sinantrópicas son las que viven en comunidades ecológicas humanas y se adaptan a ellas. La relación se establece cuando no existen buenos hábitos de higiene. A raíz de desastres naturales cabe esperar un aumento de las poblaciones de moscas, debido a la destrucción de los servicios de saneamiento. La presencia de moscas sinantrópicas presenta riesgos epidemiológicos, sin contar con que constituye una molestia para el hombre. La Musca domestica se alimenta de basuras y se cría en ellas, por lo que su contacto con alimentos y bebidas representa un riesgo para la salud humana. El insecto puede contaminar los alimentos y las bebidas mecánicamente con agentes patógenos transportados en sus patas, cuerpo, probóscide y alas. También pueden depositar los agentes patógenos por defecación o regurgitación. Los moscas se han considerado a voces causantes de la transmisión de muchas enfermedades entéricas humanas, como la disentería, el cólera y la fiebre tifoidea. Ciertas especies transmiten el pian, la conjuntivitis, las infecciones entéricas por virus y los parásitos intestinales.

La mosca doméstica deposita sus huevos en diversos habitats, particularmente basuras y heces de animales. Cuando la temperatura media exterior es de 25-30°C, el ciclo de vida de la mosca a partir del huevo hasta la fase de adulto dura aproximadamente una o dos semanas.

Métodos de vigilancia y encuesta

En la mayor parte de los programas de salud no figura la lucha activa contra las moscas. La primera indicación de que éstas plantean un problema pueden ser las quejas provenientes de campamentos de desplazados o de las personas que regresan a sus hogares en zonas afectadas por desastres.

Existen diversas trampas, como son los papeles atrapamoscas, utilizables para evaluar la densidad de las poblaciones. Sin embargo, no todas las moscas sinantrópicas penetran en las viviendas, por lo cual habrá que proceder a la captura en mercados, vertederos de basuras o incluso puntos del exterior en que suelen posarse los insectos. El método de encuesta más fácil consiste en el recuento de moscas en basuras, vegetación, paredes de edificios y otros lugares apropiados. También puede obtenerse información comparable utilizando trampas de tela metálica (Ann Rev Ent 1: 323-346).

Métodos de lucha y evaluación

Las medidas de prevención son más recomendables que las de lucha. Debe concederse prioridad a los servicios de saneamiento de los campamentos de refugiados, debido al hacinamiento de las personas y a otras condiciones poco higiénicas. Esos servicios se deben también reinstalar en las comunidades lo antes posible. Conviene quemar o enterrar inmediatamente los animales muertos, proteger contra las moscas las letrinas de pozo y disponer tela metálica en los vanos de las construcciones para desplazados, particularmente cocinas y comedores.

Es recomendable la educación sanitaria del público sobre la manera de prevenir la proliferación de moscas. Otras actividades convenientes son enterrar las basuras cuando no existen servicios de saneamiento y colocar cortinas de tela en puertas y ventanas para dificultar la entrada de los insectos. El uso, cuando sea posible, de papeles atrapamoscas y de bombas de aerosol de uso doméstico en el interior de los edificios contribuirá a reducir el tamaño de las poblaciones.

No es recomendable la lucha química contra las moscas azules durante mucho tiempo porque se hacen pronto resistentes a los insecticidas, o ya lo son. Sin embargo, con ocasión de desastres puede ser necesario recurrir a ese método. A veces es conveniente el rociamiento de los interiores con insecticidas de acción residual. Una vez que la campaña de lucha está en marcha, pueden emplearse (si ello es posible) cebos de azúcar y jarabe con insecticidas. La aplicación de aceite diesel en las letrinas de pozo es una medida eficaz. El rociamiento espacial de lugares de reposo y de cría con los insecticidas de que se disponga (por ejemplo, los empleados en las campañas antimaláricas y de lucha contra Aedes aegypti) contribuirá a reducir las poblaciones de moscas.

La evaluación puede basarse mayormente en observaciones directas. Cuando un insecticida no proporciona el nivel adecuado de mortalidad, debe recurrirse a otro método. La inspección a proximidad de las letrinas de pozo, los lugares donde se preparan alimentos y los vertederos de basuras permite evaluar de manera visual la reducción de las poblaciones. En las campañas de lucha debe tenerse en cuenta que las moscas pueden desplazarse hasta varios kilómetros de distancia, atraídas por otros alimentos o criaderos. La información obtenido será más exacta si se emplean trampas de tela metálica uniformes.

Problemas planteados por los roedores

El habitat de los roedores sufre las mismas alteraciones que el del hombre a raíz de un desastre natural, porque sus refugios y fuentes de alimentos quedan también dañados o destruidos. En consecuencia, los roedores competirán con los seres humanos por los alimentos y lugares de refugio que queden. Estos y otros animales comensales son más visibles cuando acaece un desastre y pueden migrar al medio humano. Lamentablemente, los roedores estropean o contaminan los alimentos que no consumen directamente.

Las especies causantes de problemas son la rata noruega o parda (Rattus norvegicus, Berk), la rata de los tejados (Rattus rattus L.) - también conocida como rata negra o de los barcos - y el ratón doméstico (Mus musculus L.). Los roedores pueden participar en la transmisión de diversas enfermedades infecciosas para el hombre. Las más importantes son:

1) La peste, endémica en Brasil, Bolivia, Ecuador, Perú y la parte occidental de los Estados Unidos, y a menudo transmitida por roedores distintos de la rata doméstica.

2) El tifus marino, del que se producen casos en todo el mundo, especialmente en regiones de clima cálido donde las ratas comensales, particularmente de la especie R. norvegicus constituyen el principal reservorio.

3) La leptospirosis, enfermedad de distribución mundial, cuyos reservorios son los roedores, los perros, los cerdos y el ganado vacuno.

4) La salmonelosis, que se produce cuando los roedores comensales son infestados por Salmonella y transmiten la infección al hombre por alimentos y líquidos contaminados con sus heces y orina; el ratón doméstico tiene probablemente una influencia mayor que las ratas en la propagación de enfermedades transmitidas por los alimentos.

Los roedores pueden ser además reservorios de otras enfermedades, como la rabia, la fiebre por mordedura de rata, la erupción rickettsial, las fiebres maculares y las fiebres hemorrágicas víricas asociadas con estos animales. Cuando se manifiesta un brote, es esencial determinar si la enfermedad existe o ha existido recientemente en la zona del desastre. Dado que muchas de esas enfermedades están asociadas con ectoparásitos del reservorio, es importante conocer la historia natural del trastorno y emprender un programa apropiado de lucha contra los roedores y sus ectoparásitos.

También se debe considerar la importancia económica y nutricional de la pérdida de alimentos, debido a su contaminación por roedores. Esas pérdidas y daños siempre son importantes y pueden revestir carácter grave con ocasión de desastres naturales.

Cuando la lucha contra los roedores no es de la incumbencia directa del gobierno central, resulta a menudo difícil conseguir datos sobre la situación con anterioridad al desastre. Las encuestas y las actividades de exterminación suelen estar a cargo de las autoridades portuarias, los municipios o el ministerio de agricultura. Esas entidades pueden facilitar información básica, suministros y materiales de exterminación, y servicios de expertos para las encuestas y para las campañas de lucha. En el sector privado, los operarios de las campañas contra plagas constituyen una excelente fuente de asistencia y de información.

Encuestas sobre roedores

La información sobre roedores puede obtenerse interrogando a las personas instaladas en viviendas provisionales y campamentos de desplazados como consecuencia de desastres naturales. De esa forma se determinarán el emplazamiento y la densidad relativa de las poblaciones de roedores.

Si puede hallarse una persona que conozca los signos y trazas de ratas y ratones, será posible efectuar una encuesta bastante rápida de zonas extensas. Los principales signos son excrementos, pistas de paso, huellas de las patas o el rabo en el polvo y en las pistas, marcas de los dientes, madrigueras y nidos. También son indicios el olor, particularmente de los ratones domésticos, y las manchas de orina detectables con luz ultravioleta.

La observación visual será más completa si se consigue alborotar los nichos. Después de los desastres naturales puede obtenerse información estudiando a la luz del día las zonas residenciales afectadas y los centros de rescate situados a proximidad. Los datos se completarán mediante observaciones al crepúsculo y a primera hora de la mañana. Los estudios se efectuarán al azar o eligiendo lugares propicios. Pueden utilizarse linternas de mano potentes para localizar nichos, por ejemplo en la parte baja de los edificios y los vertederos de basura. Si no se dispone de mapas para este tipo de trabajo, los operarios habrán de trazar los oportunos planos. Debe tomarse nota de los habitats potenciales (vertederos provisionales de basuras, áreas de almacenamiento, etc.) y de las observaciones visuales.

La encuesta será más detallada si se dispone de operarios de lucha contra las plagas, biólogos y personal de campañas contra roedores. Deben prepararse formularios para reseñar datos como son el lugar de encuesta, el tipo de locales, el estado de la estructura, los materiales de construcción, el número de ocupantes y la presencia de alimentos, agua, almacenes y signos y trazas de roedores.

Algunos operarios utilizan trampas para evaluar la densidad de las poblaciones y determinar las especies de roedores más frecuentes en la zona. Pueden utilizarse dispositivos de captura en vivo, si se dispone de ellos, y también trampas de resorte. Si los mercados y las quincallerías han quedado a salvo, será fácil obtener localmente trampas de resorte. Sin embargo, no se deben utilizar en gran número cuando exista alguna enfermedad cuyo vector sea un ectoparásito de roedores.

Campañas contra roedores

Puede consultarse el documento WHO/VBC/79. 726 de la Organización Mundial de la Salud para la elección de rodenticidas. Estos suelen ser de dos tipos: los de acción lenta, en dosis múltiples, y los de acción rápida en una sola dosis. En las campañas de alcance general, el rodenticida más corriente es un veneno anticoagulante de acción lenta. Muchos rodenticidas de acción rápida son tóxicos para el hombre y para otros animales. En consecuencia, en un medio alterado, como suele ser el que sigue a un desastre natural, habrá que adoptar grandes precauciones; solo se usarán rodenticidas de acción rápida en caso de urgencia y sirviéndose de operarios especializados. La escila roja es una excepción; resulta eficaz contra R. norvegicus pero no tanto contra R. rattus. A voces pueden conseguirse anticoagulantes, como difacinona, difenacoum, brodifacoum o clorofacinona, que han sido utilizados en campañas de emergencia contra roedores. Las necesidades inmediatas de la campaña se determinarán mediante el oportuno estudio o recurriendo al dictamen de expertos. Se localizarán las reservas existentes de rodenticidas y en caso de que no basten se conseguirán más inmediatamente.

Los rodenticidas vienen en forma de cebo preparado o de concentrados. Estos últimos resultan a voces menos onerosos, pero las dos fórmulas son aceptables. Para elegir el cebo habrá que conocer los alimentos preferidos por los roedores. En contra de la creencia popular, las ratas y ratones prefieren alimentos frescos y en buen estado. Como advertencia a las personas, pueden utilizarse colorantes del cebo que no afecten al olor de éste. La mezcla de rodenticida y cebo se preparará con gran cuidado, especialmente cuando se usen productos de acción rápida. Conviene que haya una sola persona encargada de mezclar y empaquetar el cebo.

Las operaciones de lucha se basarán en los resultados del estudio precedente. Habrá que adiestrar equipos de operarios para que coloquen el cebo e instruyan al público. Es preciso que ese personal establezca buenas relaciones de colaboración con los habitantes de la zona afectada por el desastre. Habrán de llevar una tarjeta de identificación, estar bien al tanto de lo que deben hacer y por qué, y transmitir esa información al público.

El cebo no se debe colocar de cualquier manera, sino donde los roedores puedan encontrarlo pero no, en cambio, los niños ni los animales domésticos. Cuando las existencias de rodenticidas sean escasas, solo se tratarán los lugares de mayor riesgo, por ejemplo centros de rescate, campamentos de refugiados, almacenes de alimentos, mercados, puertos y hospitales.

Cuando exista el peligro de brotes de enfermedades transmitidas por roedores y sea necesario combatirlos, habrá que pensar también en la conveniencia de combatir los ectoparásitos. Antes de proceder a la colocación de trampas se espolvorearán las pistas de los roedores con DDT, cabarilo, diacinón, primifós-metilo u otro insecticida en polvo aprobado. En esas zonas se adoptarán precauciones especiales para la manipulación y eliminación de los roedores capturados.

El uso de rodenticidas representa solo una pequeña parte de las campañas bien organizadas. Sin embargo, durante un desastre natural tiene mayor importancia que en circunstancias normales. El saneamiento es otro aspecto importante; debe recordarse que la acumulación de basuras y residuos favorece la formación de poblaciones de roedores. En caso de que no existan terraplenes sanitarios, habrá que organizar la incineración en los vertederos, ya que el hacerlo individualmente resulta de poca utilidad.

Ninguna campaña contra roedores será eficaz si no tiene el apoyo de la población. Esas campañas deberán siempre comprender actividades de educación sanitaria y otras encaminadas a conseguir el apoyo de individuos y de grupos de la comunidad.

Otros problemas relacionados con vectores

Los piojos, pulgas, ácaros, garrapatas y otros artrópodos pueden constituir importantes problemas a raíz de desastres naturales (véase el Anexo II). Los piojos de importancia en medicina son los chupadores del orden Anoplura. Las especies principales son la ladilla (Pthirus pubis), el piojo de la cabeza (Pediculus capitis) y el del cuerpo (Pediculus humanas). Solo la última especie es un vector importante, ya que está demostrado que transmite el tifus exantemático (epidémico) y la fiebre recurrente epidémica, enfermedad ocasionada por espiroquetas. La especie Pediculus humanas y otras pueden ocasionar grandes molestias debido a sus picaduras.

Deben realizarse encuestas con una muestra suficiente de la población para determinar el alcance del problema planteado por los piojos, el número de personas que necesitan tratamiento y la eficacia del programa de lucha. Las encuestas deben basarse en la localización de los insectos y sus huevos o liendres. Los piojo del cuerpo se encuentran en el cuello de las camisas, cinturillas, bolsillos y costuras de pantalones y ropa interior. El piojo de la cabeza suele encontrarse entre el pelo, sobre todo cerca de las orejas y el cuello; pueden considerarse viables las liendres depositadas a 7 mm del cuero cabelludo. La ladilla prefiere las regiones púbica y perianal del cuerpo.

En caso de aumento importante de la infestación por piojos deben adoptarse medidas inmediatas en previsión de brotes epidémicos de enfermedades. En situaciones de emergencia, el método preferido es el despiojamiento en masa de la población con algún polvo insecticida que se aplicará mediante un espolvoreador de aire comprimido. A falta de éste pueden utilizarse latas con un orificio al borde. Dada la difusión de la resistencia al DDT, los productos preferidos serán temefós (Abate), malatión o HCH gamma (lindano). Si se dispone de tiempo, deberá determinarse la eficacia de los diversos plaguicidas por la prueba de susceptibilidad de la Organización Mundial de la Salud. En campamentos de emergencia cabe fumigar las ropas con HCN, bromuro de metilo o formato de etilo, si se dispone de personal de supervisión adecuado. El escaldamiento de ropas solo es eficaz si la temperatura del agua se puede mantener como mínimo a 52°C. Habrá que advertir a la población, mediante las oportunas medidas educativas, del peligro de enfermedades transmitidas por piojos y de la necesidad del despiojamiento en masa.

El piojo de la cabeza no es importante como vector de enfermedades, por lo que solo se necesitarán campañas generales de tratamiento cuando la prevalencia sea excesiva. Son útiles al efecto las lociones o jabones capilares a base de malatión, peretrinas o HCH gamma. Cuando los escolares están infestados es recomendable tratar a todos los miembros de la familia para combatir eficazmente la infestación. La ladilla no es vector de enfermedades y se puede tratar individualmente con lociones o cremas a base de malatión, HCH gamma o piretrinas.

Las pulgas pertenecen al orden Siphonaptera. En la fase adulta, todas las especies conocidas son necesariamente parásitas. Algunas se alimentan de la sangre del hombre y de los animales domésticos. Las enfermedades más importantes transmitidas por las pulgas son la peste y el tifus marino (endémico); ambas tienen huéspedes reservorios, por lo que las medidas para eliminar el vector habrán de estar coordinadas con las campañas de lucha contra roedores. Las pulgas se pueden capturar a mano en el cuerpo de las personas o animales infestados. También se pueden exterminar mediante captura de los huéspedes animales que viven en estado salvaje y tratándolos, previa anestesia, o sacrificándolos. Cuando es inminente un brote de peste se deben espolvorear las pistas y madrigueras de roedores y tratar las cajas de cebo con carbarilo o diacinón en polvo. Las campañas de exterminación de roedores no deberán comenzar hasta después de eliminada la población de pulgas, a fin de que éstas, al verse privadas de sus huéspedes normales, no infesten al hombre.

Los ácaros son organismos pequeños o microscópicos que pertenecen a la clase Arachnida. Aunque transmiten enfermedades como el tifus de los matorrales y la fiebre Q no revisten importancia especial con ocasión de desastres naturales. Sin embargo, las molestias de prurito y dermatitis pueden ser considerables. En condiciones de hacinamiento, cuando la población está en contacto con mamíferos y animales, esos ectoparásitos pueden infestar al hombre. De ahí las epidemias de prurito o sarna que se manifiestan a voces en los campamentos de refugiados o asentamientos provisionales. Debe procurarse hallar la causa del problema. Existen ungüentos para tratamiento individual, pero el método más eficaz es mejorar los hábitos de higiene y eliminar los focos animales.

El ácaro Sarcoptes scabiei ocasiona una enfermedad infecciosa de la piel denominada sarna. En ésta, la penetración del ácaro es apreciable por las pápulas o vesículas, o los pequeños surcos donde están depositados los huevos. La sarna puede propagarse mucho a raíz de desastres, particularmente en los países en desarrollo. El ácaro se transmite por contacto cutáneo, particularmente el sexual. Para un tratamiento coordinado en masa conviene utilizar HCH gamma, crotamitón (Eurax), precipitado de azufre en vaselina o emulsión de benzoato de benzilo. Es necesaria una segunda aplicación a los siete o diez días de la primera. La localización de casos debe hacerse en familias enteras y, además, conviene facilitar jabón y baños y lavaderos públicos.

Las garrapatas pertenecen al orden Acarina. Son vectores de la fiebre macular de las Montañas Rocosas, la fiebre de Colorado, la fiebre 0, la fiebre recurrente transmitida por garrapatas y algunas otras enfermedades. Algunas especies pueden ocasionar también un tipo especial de parálisis. Las encuestas deben basarse en la captura de especímenes en huéspedes animales o en el uso de un rastrillo o manga de tela blanca que se pasa lentamente sobre la vegetación del borde de caminos y carreteras, en trechos específicos. El problema de las garrapatas se puede mitigar cortando la vegetación existente en un radio de 300 m aproximadamente en torno a los campamentos de refugiados. Para tratamiento químico se utilizan insecticidas como clorpirifós o tetraclorvinfós. Las hormigas, arañas y escorpiones pueden plantear problemas en los casos de inundación. Como esos artrópodos buscan terrenos altos, invaden a menudo las viviendas y otros refugios. Sus picaduras pueden ser dolorosas y a voces requieren tratamiento. Debe advertirse a la población del peligro mediante las oportunas actividades de educación sanitaria. Se recomendará a la gente que sacuda los vestidos y examine los zapatos antes de ponérselos, así como también las sábanas antes de acostarse. También es útil la eliminación de escombros y la mejora de las condiciones generales de saneamiento. Los insecticidas son utilizables, particularmente en las instalaciones provisionales. En condiciones de hacinamiento pueden producirse graves infestaciones de chinches que se eliminarán fácilmente tratando con malatión los lugares infestados mediante un pulverizador manual de aire comprimido.

En el curso de inundaciones puede ocurrir que entren en las viviendas serpientes venenosas que buscan terreno alto. En consecuencia, aumenta el riesgo de su contacto con el hombre. Los terrenos ocupados se deben limpiar de escombros y de hierba alta. Debe facilitarse un contraveneno universal a los encargados de esas operaciones, al personal de lucha antivectorial y a los servicios de los asentamientos provisionales.

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